jueves, 1 de noviembre de 2012

01/11/12

Aún tengo pesadilla, no se si
debería llamarlas así porque
más bien son recuerdos tristes
y dolorosos.

No sé por qué, pero esta semana
he soñado lo mismo todas las noches.
Asumo que se debe a que
se cumplieron ocho meses.

Ocho meses, casi no lo creo
sigue doliendo, menos, pero el
dolor sigue. Esas heridas
se abren tan fácil...

Cuando mi mente vuela libre, se
va a posar a esas memorias y vivo,
revivo, quise decir, todo el
dolor, la ira, la frustración.

Hay una pregunta que sigue dándome
vueltas y torturándome: ¿Qué hice
mal?

No me considero una persona feliz y
no creo que estar cerca de serlo. Ella
a veces se ve muy triste, quisiera poder
abrazarla.

Supongo que nunca sabré si juntos
pudimos hacer más felices uno al
otro.

A veces tengo arrebatos de odio contra
ella, otras cuantas contra mi.

Creo que mi problema reside en que
nunca tuve el tiempo para llorara lo
suficiente, ni de permitirme tocar
fondo para empezar a subir.

No hay un día en que no piense en
ella e irremediablemente en nosotros,
o lo que sucedió.

No hay un solo día que no la busque
con la mirada, a cinco, quince o
cincuenta metros.

Si quisiera, podría tener ya novia,
pero no sería justo para ellas,
va contra mi moral utilizar a alguien
para olvidar a esa persona.

Me he dado cuenta, que todas las
mujeres que encuentro atractivas,
las comparo con ella.

Estos ocho meses, que han sido mi
infierno en vida, me han hecho darme
cuenta de cuánto la quiero, cuanto la
necesito y de que no le importo.

Quiero llorarla, y mucho, para poder
aliviar el dolor que cargo,
quiero encerrarme y dar rienda suelta
a mi sufrir.

Nunca había querido tanto,
nunca había sufrido tanto.

Hay momentos en los que
solo quiero gritar, gritar tan
fuerte que todos se enteren
cómo me siento.

No tienen idea de lo que daría
por poder regresar el tiempo
a ese 27 de febrero de 2012.

Acepto que tengo un problema,
acepto que cada día me consumo más,
acepto que sigo enamorado,
me niego a recibir ayuda.

Sus ojos...es la única cosa que quiero
mirar en mi último suspiro.

Estoy perdiéndolo, cada día me apago
más y más.
Nunca me he imaginado viejo,
no puedo imaginarme.

Siempre he sentido que no voy a
llegar a viejo, no se que tan pronto,
tal vez por eso no he podido elegir carrera,
porque no voy a estudiar una.